La confiscación en enero de 1895 por parte de las autoridades estadounidenses de las tres embarcaciones con cientos de hombres y abundante material bélico —al frente de las cuales debían viajar a Cuba los jefes de la lid independentista que se preparaba—, fue un duro golpe para la insurrección.
Paradójicamente, el fracaso del plan de la Fernandina —llamado así por el puerto de la Florida desde donde partirían las expediciones— lejos de ser asumida por los patriotas como una derrota avivó en ellos el deseo de emprender de una vez y por todas la pelea por sacudirse el yugo colonial español.
La reacción de los emigrados cubanos fue de admiración al constatar cómo sus modestos recursos aportados con grandes sacrificios habían fructificado en un proyecto de semejante magnitud. Ante el revés, Martí, el forjador de la contienda, dijo: “Yo no miro lo que se ha deshecho sino a lo que hay que hacer”.
Tal actitud era la continuidad de la decisión de los primeros libertadores de no dejarse vencer ante las dificultades y persistir en sus propósitos, lo que se convirtió en un legado para las futuras generaciones de combatientes.
El 24 de febrero marcó un nuevo período de la lucha iniciada en 1868. Lo que tradicionalmente fue llamado Grito de Baire constituyó en realidad el Grito de Cuba porque la orden de alzamiento contemplaba, y así ocurrió, levantamientos simultáneos en diversas regiones del país. Concluir la obra inacabada de los próceres del siglo XIX fue igualmente el propósito de la generación que en el centenario del natalicio del Apóstol no dejó que se perdiera su obra. Se trataba de una sola epopeya con el mismo protagonista, como lo definió el Maestro: “El pueblo, la masa adolorida, es el jefe de todas las revoluciones”.
Para llegar al estallido de febrero, Martí había realizado una perseverante labor concientizadora de los errores de la gesta de los Diez Años para evitar repetirlos. Desplegó una intensa prédica unitaria para sumar a los veteranos combatientes y a los pinos nuevos, fructificada en la creación del Partido Revolucionario Cubano; su batalla ideológica contempló, además, el decidido enfrentamiento a todas las corrientes que se oponían al ideal independentista como eran el reformismo y el anexionismo.
Fidel comparó esa lucha de ideas con la librada por la Generación del Centenario en la última etapa por la definitiva independencia. Fue contra los grupos electoralistas y politiqueros que proponían remedios a los problemas que agobiaban la República, cuando lo que hacían era perpetuarlos. El Programa del Moncada plasmado en La historia me absolverá mostró un nuevo camino y la vanguardia capaz de solucionar esos males.
El Comandante en Jefe escribió desde el Presidio Modelo que la lectura del libro de Miró Argenter —jefe del Estado Mayor del Titán de Bronce— en que se relataban las hazañas de la Guerra Necesaria de Martí, significó para los moncadistas una poderosa fuente de inspiración: “La Ilíada de Homero no los supera en hechos heroicos, nuestros mambises parecen más legendarios, y Aquiles no es tan invencible como Maceo”. Aquellas glorias de la guerra necesaria como la Invasión de Oriente a Occidente fueron reeditadas por combatientes de verde olivo, quienes aprendieron de los patriotas a pelear sin apenas recursos hasta alcanzar la victoria.
Una de las más grandes herencias de esta gesta, plasmada en el Manifiesto de Montecristi, fue el antimperialismo.
Más allá de los propósitos de liberación nacional, la contienda adquiría una dimensión universal, cuando se propuso,con la independencia de Cuba y Puerto Rico, impedir a tiempo que se extendiera los Estados Unidos por nuestras tierras de América y contribuir así al equilibrio del mundo. “Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso”, escribió el Maestro.
Con su intervención en la guerra, Estados Unidos frustró ese propósito. Sin embargo, tras el triunfo revolucionario décadas después y la resistencia del pueblo ante la permanente agresividad del imperialismo, Cuba se ha erigido en centro gestor de ese equilibrio, tempranamente avizorado por Martí y más necesario que nunca en estos tiempos.
Acerca del autor
Graduada de Periodismo. Subdirector Editorial del Periódico Trabajadores desde el …