Sus dos nombres están indisolublemente vinculados y no solo por lazos de sangre sino por los no menos sólidos de los ideales, que los llevaron a dedicar sus vidas a su pueblo. Por eso en Cuba, hombres, mujeres, niños y ancianos los han llamado, durante más de medio siglo, y los seguirán llamando, como si se tratara de familiares cercanos, sencillamente por sus nombres: Fidel y Raúl



