Guantánamo.— Como siempre amanecieron temprano, y en el parque José Martí, en el aniversario del natalicio del Apóstol, cargados de attrezzo, títeres, maquillajes, suministros…, se despidieron los cruzados de la ciudad hasta el 3 de marzo, rumbo a mil 865 kilómetros de carreteras y caminos de montaña de Baracoa, Maisí, Imías, San Antonio del Sur, Manuel Tames y Yateras.


Será, auguró su director Emilio Vizcaíno, “una cruzada grande, con unos 70 participantes en cada una de sus dos etapas, la gran mayoría nacionales, en la que planeamos realizar 250 funciones de teatro para niños, jóvenes y adultos en unas 200 comunidades”.
De Guantánamo, precisó, participarán además del Guiñol, la Barca, Carpandilla y la Colmenita, que acompañará en los primeros días a Lidis Lamorú y a Rosa Campo, la Tía Rosa que ha compuesto canciones como Chivirico rico o M con A, N con I, maní; y el Ballet Folclórico Babul.
Además, se esperan grupos de Santiago de Cuba, Bayamo y La Habana, que trae La Vía Láctea, súper novedoso pues está destinado a las primeras edades, a los niños bien pequeñitos; y sendos proyectos de Argentina y el País Vasco.
Entre los invitados, por su parte, destacan el cantautor Eduardo Sosa, y la teatróloga y directora de teatro de la Casa de las Américas Viviana Martínez Tabares.
El cambio, la transformación, la motivación…, que siempre ha sido su sino, esta vez se encauza hacia la huella indígena en la cultura nacional –el logo, con los trazos del caricaturista Ares, personifican al búho taíno, símbolo de sabiduría- , justo una de las dedicatorias del periplo, que además reverencia a Brasil y al 172 aniversario del natalicio de Martí.
“Los 35 años marcan mayoría de edad, y nos llevan a repensar el evento y asumir otras miradas desde el punto de vista teórico, y de salvaguarda de la cultura: por eso, en esta edición se diseñará el Sendero indocubano de la Cruzada”, precisa.
La ruta incluirá, detalla, “a La Caridad de los Indios, y sitios menos conocidos donde sobreviven ceremonias, genes, rasgos, arte, platos, y expresiones lingüísticas y religiosas de nuestros primeros pobladores. Tenemos a San Andrés y Palenque en Yateras, Sao del Indio y Puriales de San Antonio del Sur, Patana de Maisí, de donde salió el Cemí de la Gran Piedra, por citar algunos”.
En el futuro, irán más allá, con “obras teatrales donde se rescaten palabras, donde pueda verse la ceremonia del tabaco, la cocina taína, y una serie de conocimientos a los que hemos tenido acceso, en parte gracias al proyecto La gran familia taína, las investigaciones genéticas…”, proyecta.
“El trabajo teórico, abunda de nuevo en tiempo presente, tiene varios espacios como el Encuentro de Academias, con estudiantes locales, de Bayamo y Guantánamo, el Evento de Mujeres Creadoras, el Diálogo Abierto, el XX Coloquio Teatro y Comunidad, y el II Encuentro de audiovisuales Cruzando el lente, que invita a Gabriel Rojas Pérez, representante de la Gran Familia, con cuatro documentales sobre el legado indígena; a lo que se suman clases magistrales, talleres de creación, conferencias”.
Pregunto por condiciones, porque es vivir y hacer teatro desde y con el monte, improvisar cama y escenario, viajar encima de un camión o en mulos que un delegado ansioso arreará montaña adentro; pero Emilio Vizcaíno, que emprende su Cruzada número 30, prefiere hablarme de “presentaciones extras en los sitios más afectados por el huracán Oscar, que incluyen comunidades de nueva creación para los damnificados”.
Y, por supuesto, recuerda a los imprescindibles. A los teatristas enamorados —no se menciona, pero él mismo es uno— que han visto blanquear las canas entre bajareques y casas de campaña, y a los que, desde sus comunidades, esperan, apoyan, alimentan a la Cruzada, a veces literalmente.
“Ellos nos sostienen, gestionan dónde dormimos, comemos, la leña para hacer el café, la fruta fresca que nos sostiene entre ires y venires”, me dice y empieza una lista que él sabe interminable, peligrosa porque si alguien se queda…:
“Dolores Legrá de Bernardo, que ahora es diputada; Noelvis, incondicional en Baracoa, Camilo en Mosquitero; el güajiro Celso, que lo mismo te improvisa la noche entera que te lleva para su casa en Felicidad de Yateras, los aficionados, los maestros, los directivos de educación que abren sus escuelas para nosotros, los funcionarios del poder popular y el partido, porque sin voluntad política no sería posible. A ellos, el agradecimiento infinito”, se arriesga el cruzado.
Yo diría más. A ellos, a los públicos, también el amor, el teatro, el arte.