La campiña cubana tiene entre sus cautivadores paisajes a las tierras desde donde proviene nuestro tabaco.

Por las manos de los agricultores pasa la aromática hoja. Lo hacen con minucioso cuidado mientras realizan la atención cultural a las plantaciones. Llega la cosecha y corresponde llevar a cabo un proceso que incluye diversas etapas como la escogida, fermentación, secado y concluye con la manufactura en las tabaquerías.




A grandes rasgos esa es la trayectoria antes de llegar a la actividad fabril en la que hábiles manos de hombres y mujeres dan el “toque final” que convierte al tabaco en un producto de excelencia exclusiva.


La provincia de Pinar del Río es un territorio de extensa tradición tabacalera. Municipios como San Juan y Martínez, Viñales, San Luis y Consolación del sur son algunos ejemplos concretos. Con el paso de los años, el cultivo y producción de este renglón se ha extendido a otros sitios de la Isla.

El verdor de las vegas se tiende como una mina a cielo abierto y en ese admirable entorno, los cultivos tapados y las casas de madera donde se refugia la hoja, forman parte del paisaje tabacalero cubano, cuna de ese “viajero” que internacionalmente responde al nombre de Habano.

Acerca del autor
Graduado de Licenciatura en Periodismo, en 1976, en la Universidad de La Habana. Hizo el servicio social en el periódico Victoria, del municipio especial isla de la Juventud, durante dos años.
Desde 1978 labora en el periódico Trabajadores como reportero y atiende, desde 1981 temas relacionados con la industria sideromecánica. Obtuvo premio en el concurso Primero de Mayo en 1999 y en la edición de 2009. Es coautor del libro Madera de Héroes.