Para mejorar el cuidado de nuestros seres más queridos por incapacidad de movimientos, accidentes o enfermedades terminales; para compartir con ellos cada minuto y alejar la muerte de sus vidas; para respaldar a quienes dejan sus profesiones y pasan a ser cuidadores, hay en Cuba ya un respaldo legal: el Decreto Ley no. 109/2024, que esboza el Sistema Nacional para el Cuidado Integral a la Vida.

Sobre algo tan estremecedor y con múltiples historias por contar existe todavía un desconocimiento en la sociedad. Las bondades aprobadas no protegen solo a quienes se dedican a esta labor, sino que demuestran cuánto más puede alcanzarse en una nación que jamás renunciará a poner en el centro de su atención la justicia social, en especial, al ser humano.
Nuestra edición trae hoy un reportaje sobre el tema en el que sindicatos, directivos y los propios colectivos laborales deberían entrar mucho más, pues dejar solo al trabajador que pase por esta situación (creciente en algunos territorios), es como tirar al fondo del mar la solidaridad y el humanismo que siempre nos ha caracterizado.
Entidades, organizaciones y actores económicos debieran sumarse a esta nueva mirada que el Gobierno ha aprobado. No a todos los trabajadores hoy les alcanza para pagarle a una persona que cuide a un familiar, en tanto ya sabemos las limitaciones materiales y las condiciones de vida por las que transitan no pocos hogares de ancianos u otros centros asistenciales destinados a esas actividades.
La apuesta siempre será por la vida, por respetar las decisiones personales, pero ahora con el amparo de una norma jurídica que no es varita mágica ni resolverá todo por obra y gracia. Seamos más humanos. Es la verdadera opción a la que estamos invitados todos.