María Isabel prefiere la honestidad

María Isabel prefiere la honestidad

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O no lo recuerda o prefie­re omitir la cifra. Lo que sí no olvida María Isabel Carmenate Santos son aquellos aplausos cuando se supo que por iniciativa propia había donado di­nero de su propina para la compra de medicamentos en el hospital Julio Miguel Aristegui, en Cárdenas.

En redes sociales y de manera personal, María Isabel recibe elogios por la limpieza, orden y estética de las habitaciones. Foto: Cortesía de María Isabel Carmenate Santos

Corría el año 1993 del período especial y la ca­marera de 22 años tenía, como ahora, muy claro el camino: “La solidaridad siempre es la solución. Y en ese duro momento pensé que lo mejor era ayudar a la salud pública. Lo dije en el activo sindical y me sor­prendieron con una ova­ción tremenda. No paraba de llorar”.

Lo más lindo vino des­pués. Los que estaban en la reunión prometieron hacer lo mismo. María Isabel tiene dos hijos, pero también se le considera la madre del pro­grama nacional Mi aporte a la vida, el cual entregó una cifra superior a los 24 mi­llones de pesos convertibles (CUC) para la compra de medicamentos en la lucha contra el cáncer.

“Especial reconocimien­to merecen la solidaridad humana y el compromiso social que entraña su con­tribución a la salud públi­ca en acto voluntario que caracteriza la dignidad y abnegación de nuestro pueblo”, reconocería Fidel Castro Ruz, en carta en­viada en 1995 a los traba­jadores de la hotelería y el turismo, a propósito del día de este sector.

Mientras prepara la habitación, habla del alma buena de muchos trabaja­dores del sector, y de lo que para ella significa Elpidio Casimiro Sosa, joven na­cido el 4 de marzo de 1929, que vendió en 300 pesos su plaza del Bar Oriente para donarlo a la causa revo­lucionaria. El legado del asaltante al cuartel Mon­cada es su eterna inspira­ción.

“Los tiempos son otros. Es verdad. Ya no entrega­mos propina, pero seguimos siendo solidarios. Ya es cos­tumbre en colectivos como los nuestros, en Gran Caribe Varadero, regalar una ca­nastilla a la niña o niño que nazca un 4 de marzo.

“Son acciones tradi­cionales que entreguemos artículos en hospitales, escuelas especiales, ho­gares de ancianos, de ni­ños sin amparo familiar, o que apoyemos la zafra azucarera, la construc­ción de parques fotovol­taicos… Es que ser bueno alivia tanto.

“Recuerdo cuando para un 26 de Julio, hace años, me aparecí con 26 pelotas en un círculo infantil… o la vez que nos fuimos a la recuperación de las vivien­das destruidas por el hura­cán Michelle en la Ciénaga de Zapata, en el 2001, e hi­cimos posible que María y Juan volvieran a tener su casita en tiempo récord. Y quién le dice que me los llevé al hotel y les dimos las llaves en un chequeo de emulación…”.

Desde que el 10 de mayo de 1990 Fidel Castro Ruz inauguró el complejo Paradiso-Puntarena, hoy Playa Caleta, allí labora María Isabel. Va para los 35 años en un sitio donde también lleva un tiempo enorme como secretaria general del buró sindical.

“He tenido muchas ofer­tas, hasta de cambios de oficio. Tal vez otros lo verían fácil… ¿Cómo aceptar mi último día en un hotel que es como mi casa? Ah, no, no quiero pen­sar aún en eso, aunque lo de camarera es un trabajo duro, durísimo, y para muchas es preferible la jubilación antes de los 60 años.

“Me enfoco en lo mío y lo disfruto. ¿Recuerdos lindos? He sido testigo de esa felicidad de los visitan­tes satisfechos. Imagínese cuántas habitaciones he preparado en 35 años para bodas, lunas de miel, clien­tes VIP, repitentes, geren­cias extranjeras, y que de pronto alguien regrese y pida vacacionar justamen­te en el piso que atiendes. Qué mejor manera que esa de sentirte elogiada.

“Otros instantes inol­vidables son ver la reacción de los turistas cuando les he devuelto grandes sumas de dinero extraviadas, aquel diamante perdido, celulares olvidados… objetos de va­lor. En una labor como esta, hay que ser honesta. Es la virtud de mi preferencia, pero no es decir que lo eres, es demostrarlo.

“En escuelas de for­mación de camareras tuve la oportunidad de ofrecer charlas sobre este valor de la honestidad. Siempre acon­sejo discreción y, sobre todo, proteger los bienes de los clientes. La habitación es la casa de vacaciones de quien nos visita”.

En muchas camareras, como en María Isabel, se alojan el temple y la ternu­ra de las cubanas.

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