Hace años que nos mira de reojo porque el bloqueo económico de Estados Unidos no le deja muchas opciones. Hace años que buscamos fórmulas para entenderla, argumentos para explicarla, y terminamos casi todos con dolor de cabeza. Hace años que nos presiona los bolsillos, nos da aliento por momentos y la expresión real en salarios, bienes y servicios no acaba de satisfacer las necesidades crecientes de nuestra gente.

Así de complicada y difícil es ella. Y cuentas van y cuentas vienen. Apuesta siempre al peso cubano, aunque ahora viste parcialmente con dólares. También prefiere las tarjetas y pocos se atreven a darle créditos internacionales. No obstante, es imposible paralizarla y ahí entran en el juego los trabajadores, campesinos, obreros y todos los actores que la cuidan con celo, por más negocios privados o cooperativos que tengan con ella.
Su nombre a estas alturas es evidente. Se llama Economía, tal y como el suplemento que retomamos este 2025 con formato completo y que tendrá carácter mensual para abordar, desde el periodismo, esas zonas que tanto nos preocupan: las utilidades, las empresas con pérdidas, el mercado cambiario, entre otros vestidos que tiene guardados y no siempre en el mejor escaparate.
Volvemos a la carga con su nombre, pero también con opiniones arriesgadas, reportajes investigativos, leyes, criterios de lectores y cuanta iniciativa periodística permita alfabetizarnos más. Hay una belleza especial cada vez que se sienta a nuestro lado. Y es precisamente que la queremos besar con nuestros ingresos. Pero ni así lo conseguimos en medio de inflación y distorsiones, que por suerte, vamos corrigiéndola para reimpulsarla a donde queremos.
Hace años que hablar de ella es tan social como los números que ilustran sus maquillajes. Por eso vuelve a nosotros. Porque a la economía cubana le falta mucho todavía para enamorarnos.