Olga Alonso González, la alegre muchacha de procedencia obrera nacida en San Miguel del Padrón, cursaba estudios en la Escuela de Comercio de Ayestarán, en La Habana —donde perteneció a la recién creada Asociación de Jóvenes Rebeldes—, cuando fue una de las primeras en responder al llamado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a que los jóvenes se incorporaran a estudiar arte, para después ir a los lugares más intrincados a enseñar a sus pobladores.

Con su extraordinaria capacidad intelectual y sensibilidad humana, ella estaba consciente de que los instructores de arte tenían una importante labor que cumplir con la Revolución y ante la masiva incorporación de estudiantes de todo el país a la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA), y motivada por la efervescencia de este movimiento que se desarrolló de forma paralela a la épica Campaña Nacional de Alfabetización, estuvo entre los primeros cuatro mil educandos que ingresaron en ese centro creado por Fidel en abril de 1961, proyecto del que unos tres mil graduados posteriormente ingresaron en la Escuela Nacional de Arte (ENA).
En la localidad de Fomento, perteneciente al entonces municipio de Sancti Spíritus de la antigua provincia de Las Villas, Olguita creó grupos de aficionados integrados por niños y adultos, realizó campañas de buen hablar entre los campesinos y, entre otras muchas tareas, propició la creación de los Consejos Populares de Cultura, fue maestra y fundó bibliotecas.
Desde su primera estancia en la granja Mártires de Fomento, Olguita se entregó con extraordinaria pasión a su labor como instructora de arte. En su rostro y en sus acciones se sentía la felicidad ante los logros que en tal sentido alcanzaba, a pesar de que se encontraba muy lejos de su hogar, siendo aún una adolescente muy apegada a su familia, sobre todo a su madre. Pasión y amor por la cultura que igualmente la retroalimentaba el cariño y estima de los humildes pobladores de aquella zona.
Miles de muchachos de su edad, siendo apenas adolescentes invadieron las comunidades más intricadas de la geografía cubana en busca del desarrollo espiritual y la formación artística y cultural de la población, mientras desde el punto de vista experimental representó el afortunado y fructífero intercambio de saberes y conocimientos, proceso heredado y testamentario hasta nuestros días por varias generaciones.
Pero el infortunio se apoderó de aquella noble muchacha cuando, el 4 de marzo de 1964, el vehículo en que viajaba por los accidentados caminos del Escambray, se volcó y en plena flor de la juventud, con solo 19 años, murió instantáneamente. En su honor, desde el 18 de febrero del año 1989, coincidente con la fecha de su nacimiento, se celebra el Día del Instructor de Arte.
En el año 2000 el Comandante en Jefe, al frente del Grupo de Trabajo de la Batalla de Ideas, ratificó la creación de las nuevas Escuelas de Instructores de Arte (EIA) y también orientó que de forma paralela en cada provincia se ofrecieran cursos de titulación para instructores en ejercicio. Esos técnicos cobraban como Promotores Culturales o eran artistas aficionados de calidad notoria que entraron a las Casas de Cultura en plazas de instructores no titulados.
En el 2004, se produce la primera graduación de las EIA. Un numeroso grupo de jóvenes se titularon en teatro, danza y artes plásticas —los de música lo hicieron un año después por ser más extenso el plan de estudios de esta especialidad—. En ese acto de culminación de la carrera, Fidel anunció la creación de la Brigada de Instructores de Arte José Martí (BJM), que “funcionará —dijo— en cierta medida como un movimiento juvenil y como un ejército de la cultura cuyo teatro de operaciones fundamental, aunque no único, es la escuela.

“Con la integración a esta brigada —agregó—, se consolidará la identificación de estos jóvenes con sus responsabilidades como instructores de arte, y se encauzará el necesario vínculo que deben mantener con el movimiento artístico del país y de cada territorio en particular”.
Durante más de dos décadas, la Brigada José Martí ha trabajado incansablemente para promover el arte y la cultura en nuestra sociedad, inspirando a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, a explorar el maravilloso mundo de las artes, desde la apreciación y la creación artística.
Gracias a este proyecto comenzó a revertirse la dramática situación del arte aficionado, la cual fue severamente afectada en las dos décadas finales del pasado siglo, sobre todo durante el llamado período especial que influyó negativamente en todas las esferas de la economía y los servicios, entre estas la cultura. Desaparecen las escuelas Formadoras de Instructores, con excepción de la ENIT, que asimismo recibe un golpe demoledor.
Por otra parte, el éxodo de instructores graduados que por razones económicas causaron baja del Sistema Nacional de Casas de Cultura afectó uno de los logros más importantes de la Política Cultural de la Revolución Cubana y el más preciado fruto en la labor de los instructores: el Movimiento de Artistas Aficionados. De 400 mil artistas de este sector emplantillados en el país en los años 80, sólo quedaron 63 mil 100 en 1995, atendidos por 531 Instructores de Arte, que a pesar de todo se mantuvieron ejerciendo en las Casas de Cultura.
Actualmente, entre los objetivos principales de los instructores de arte se encuentra impartir talleres de apreciación-creación en escuelas primarias, secundarias básicas, politécnicos de informática, escuela de conductas y pre-universitarios, con el fin de transformando el entorno sociocultural de la comunidad y crear un estilo propio donde se integre lo artístico, lo humano y lo patriótico para propiciar la asimilación de juicios críticos y gustos estéticos correctos desde la más temprana edad.
La función docente del actual instructor de arte no minimiza su condición como conductor de procesos de creación artística ni se contradice con su papel como activista de la promoción cultural artística. Por el contrario, existe una relación muy estrecha entre estas tres facetas que se le reconocen a la profesión: la de educador, la de creador y la de promotor. Pero debe aceptarse que ejercer la docencia directa en el aula implica para los jóvenes instructores un extraordinario reto, atendiendo a su inexperiencia en este campo y a las propias exigencias que plantea la pedagogía del arte en cualquiera de sus variantes. Posee sus propios modos de actuación, campos de acción y esferas de influencia.
Los integrantes de este noble movimiento en todo el país, deben poseer un sólido nivel técnico artístico, además de una evidente vocación por el trabajo social, ya que deben incitar a la acción, impulsar, estimular y orientar intereses y aficiones, a la vez que propiciar el diálogo entre las personas y contribuir al fortalecimiento de sus sentidos de pertenencia e identidad cultural local y nacional y, por ello, contribuir a su enriquecimiento espiritual y a la elevación de su calidad de vida. Las casas de Cultura y los centros docentes constituyen su esfera propia y natural.
Entre los proyectos más sólidos asumidos por los instructores de arte en Cuba se encuentran los llamados Acércate Más, en centros penitenciarios y campamentos provinciales; Por la Ruta de Olga Alonso y el Festival de teatro En tierra Buena, en Sancti Spíritus y Holguín, respectivamente; así como las Guerrillas Culturales, los Festivales de Aficionados de las Montañas, las presentaciones en hospitales infantiles, salas oncológicas y por las Casas de niños sin amparo filial, concursos nacionales como el de plástica infantil De donde crece la palma, dedicado al Héroe Nacional José Martí.
En la acción de cada uno de estos valiosos trabajadores de la cultura, está presente el ejemplo imperecedero de aquella simpática muchacha que partió hacia la eternidad durante el desempeño de la noble tarea de llevar el arte y la cultura a las zonas más intrincadas del territorio nacional.