La pared de las palabras: un filme sobre retos

La pared de las palabras: un filme sobre retos

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Foto: Tomada de Internet
Foto: Tomada de Internet

Hablar no de la discapacidad sino de la incapacidad de muchos para comunicarse, tomar riesgos serios, vencer la barrera del miedo a decir algo que puede resultar muy personal, mostrar el dolor crudo y desnudo y sin medias tintas, fueron razones suficientes para provocar en Fernando Pérez, director de cine y escritor cubano, el deseo de filmar La pared de la palabras.

“Nunca pensé hacer una película sobre este tema, no me sentía capacitado; pero un día llega Pichi, Jorge Perugorría, con un guion de una muchacha vecina suya, Zuzel Monnet, y me dice que esta película le sonaba a mí. Ya tenía un productor y lo único que pedía es que lo dejara ser el protagonista.

“La primera versión del guion no me gustó mucho, pero sentí que la historia tenía una fuerza interior muy grande, algo que me sacudía. Y por eso hice la película, con la idea de que los espectadores descubrieran ese mundo, para que entendieran que tiene otro orden, frente al cual es uno quien tiene que modificar su postura”, comentó.

¿Y enfrentarse a un mundo tan diferente, no sería un reto muy difícil?

“Cada película es un riesgo en sí mima. Pero el mayor en La pared… fue que deliberadamente tratamos de marcar el tema del dolor y de los límites del sacrificio sin ningún tipo de maquillaje emocional o de elemento expresivo que suavizara esa realidad que de por sí es dura.

“Y es que soy de los que piensan que la vida vale la pena vivirla a pesar del dolor, tal vez por eso tratamos de que estuviera desprovista de asideros sentimentales, como la música, que no la encuentras en situaciones dramáticas a lo largo de todo el filme.

“Fue una forma de que el público se mantuviera encerrado, se hundiera de fondo con la historia y se quedara sobrecogido como pasó en Camagüey durante el estreno oficial de la película en los cines cubanos. Tal vez por eso es que ella no es fácil de consumir”.

¿Cuál fue la línea que marcó su trabajo?

“Esta vez partí desde la autenticidad. Cuando leí el guion comprendí que el trabajo fundamental estaba en la caracterización que los actores hicieran de los personajes, donde todo se sintiera muy real y que lo que ocurriera fuera auténtico para que así lo percibiera el espectador.

“Conté con actores de larga experiencia profesional, pero a los que interpretaban a los pacientes les debo gran parte de la autenticidad del filme, porque caracterizaron los personajes sin que les entregara un guion y así los crearan con espontaneidad y libertad.

“También filmamos en una institución real de trastornos mentales y compartíamos el día con los pacientes. Eso era una dificultad desde el punto de vista organizativo y de producción, porque podíamos rodar muy poco y en momentos específicos para no interrumpir las dinámicas del hospital, pero supuso un enriquecimiento para el trabajo actoral, para sensibilizarlos a ellos y a todos respecto al mundo en que tratábamos de adentrarnos”.

Luego de ver la película y de saber que fue realizada independientemente, muchos se preguntan por qué apostó por una nueva forma de crear a los 70 años, siendo ya un director consagrado y reconocido.

“Realmente me he lanzado a un río turbulento, que es el fenómeno del cine independiente porque creo firmemente que la parte más dinámica del audiovisual cubano se encuentra en ese modo de producción.

“Es una nueva modalidad que te permite no esperar por la industria y te deja manejar todo el proceso de rodaje sin centralismos. No es que vaya en contra del sistema de producción del Icaic, es solo otro manera de hacer cine, que les da respuesta a muchos de los problemas que se han visto en la práctica en los últimos tiempos y logra evadir trabas antiguas.

“Creo que debemos aspirar a que un fenómeno que ha demostrado que es dinámico y puede darle respuesta a la evolución del audiovisual cubano,  necesita ser reconocido para que su desarrollo y avance sea más abarcador.

“Por ahora está en una especie de limbo: no es ilegal ni legal, está en una a-legalidad. Existe y está allí, pero no tiene el reconocimiento que podría darle personalidad jurídica. Eso ya está siendo bastante comprendido por instancias que deben dar la aprobación requerida.

“Y eso es lo que perseguimos los del llamado Grupo de los 20 o G-20 que se originó en mayo del 2013, cuando algunos cineastas decidimos espontáneamente congregarnos en el centro cultural Fresa y Chocolate, al correr rumores de que se había estructurado una comisión para dictaminar una Ley de Cine en Cuba. Sentimos que había que contar con nosotros para ese proceso y así hemos hecho para discutir entre todos propuestas que enriquezcan esa ley en construcción.

“El audiovisual cubano no es solo producir películas, forma parte de un sistema y nosotros queremos ver cómo va a ser la producción, distribución, exhibición, si debe existir o no una academia de cine… Claro que entendemos la necesidad de regular, nunca controlar, porque como toda actividad creativa necesita una libertad de movimiento; pero también, en el orden organizativo y productivo, requiere, se sabe que requiere de una reglamentación.

“Incluso pienso que no solo para el cine y el audiovisual cubano, sino para nuestra sociedad, una pirámide centralizada ha provocado  que en muchos aspectos de la realidad existan procesos retardadores, que no se solucionan, no sean dinámicos, que estén burocratizados por depender de soluciones centralizadas. Cuando realmente una libertad de movimiento mucho más abierta da espacio a la iniciativa personal, la cual puede desarrollar resultados más positivos”.

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