No le temen al peligro. Lo conocen y muy bien. Saben los riesgos que implica su labor. Asumen la misión que le corresponde con disciplina, rigor, serenidad, precaución, acciones que bien pueden quedar resumidas en una sola: responsabilidad en todo el significado de la palabra.

Es usual verlos con sus cinturones de seguridad, guantes, cascos, botas… y “armados” con pinzas, llaves y otras herramientas que exige el trabajo a realizar.

Saben cuán vital es el esfuerzo que acometen. Y no solamente tras el paso de huracanes u otros eventos meteorológicos, situación que de por si siempre ha colocado muy en alto el esfuerzo de los linieros para restablecer la luz que llega a los hogares en cualquier sitio del país afectado por el embate de los vientos que derriban cables, postes y torres de alta tensión.

Ante tal contingencia impuesta por la naturaleza, las brigadas de todas las provincias integran un valioso ejército de solidaridad donde resulte necesaria su activa presencia.
Hay que sumar, además, que ellos junto a técnicos e ingenieros también hacen posible que la energía viaje a través de las redes s para restablecer el latido de la vida cotidiana en la producción y en los servicios.
Ellos son los trabajadores de la electricidad. Siempre dispuestos a enfrentar y vencer desafíos.