Hasta ayer domingo el capitalino Teatro Martí acogió las rondas del concurso del XXVIII Encuentro Internacional de Academias para la enseñanza del Ballet, que reserva hasta este miércoles las galas de premiaciones.
La celebración de esta cita ha remarcado una vez más la relevancia del método cubano para la formación de bailarines, la vigencia y permanente actualización de la visión técnica, estilística y conceptual de la reconocida escuela cubana de ballet.
Hay cierta polémica sobre la presunta pureza de esa escuela en tiempos de abrumadora globalización cultural. A estas alturas es imposible hablar de un método absolutamente autónomo para la enseñanza del ballet. Incluso, se habla de la desaparición relativa de la noción de las llamadas grandes escuelas.
Pero el legado de los Alonso, y particularmente de Fernando —la Escuela Nacional de Ballet lleva su nombre— es innegable, sobre todo porque se ha multiplicado con la labor de generaciones completas de bailarines y profesores.
Existe una manera cubana de asumir el ballet: es distintiva, todavía se puede singularizar un bailarín formado aquí. Pero la contemporaneidad impone el diálogo permanente con otras concepciones, que implica la articulación de metodologías integradas y coherentes.
A los cubanos les corresponde proteger su método, garantizar su funcionalidad y potenciar su evolución. De eso se ha hablado en un encuentro que ha rendido tributo al Ballet Nacional de Cuba (BNC), justo en el año en que la emblemática compañía celebra su aniversario 75.
El BNC es la concreción máxima del patrimonio del ballet cubano, y puntal indiscutible de la danza toda en la nación. Y sus más recientes temporadas —como la que acaba de terminar en la sala Avellaneda del Teatro Nacional— han dejado testimonio de la voluntad de la actual dirección: preservar una tradición y enriquecerla con nuevas tendencias del arte coreográfico.
Es asimismo polémica esa determinación. Por un lado, hay un sector del público —y de los artistas— que apuestan por la danza más académica. Consideran que la responsabilidad mayor de la agrupación fundada por Alicia, Alberto y Fernando Alonso es mantener el repertorio tradicional del gran ballet decimonónico, los clásicos de toda la vida…
Otros creen que la compañía, dirigida ahora por Viengsay Valdés, debería renovar su repertorio y marchar con los tiempos, y asumir un espectro estilístico más abarcador en su visión coreográfica y en la proyección técnica e interpretativa de los bailarines.
Nos parece que no les faltan razones a las tendencias… y que el BNC tiene la capacidad de responder a todas las demandas.
Pero decirlo es fácil.
En los salones de la compañía —y también en los de la Escuela que la nutre— es donde hay que poner en práctica esa visión integradora de la danza. Y —nadie lo ignora— son momentos particularmente complejos.
El éxodo de profesionales por la crisis económica impacta en el trabajo cotidiano. La inestabilidad de los elencos afecta los procesos de montaje y las propias dinámicas de las clases y los ensayos. Hay que decirlo: no siempre los elencos están a la altura de las exigencias de las coreografías.
Pero cruzarse de brazos no es la opción. La del Ballet Nacional de Cuba, la de todas las compañías profesionales de la danza en Cuba, es ahora mismo una empresa de resistencia.
Y pese a los obstáculos hay mucha danza en los teatros cubanos. Basta revisar la cartelera para comprobarlo.
En La Habana, por ejemplo, este mes de abril reserva todavía varias opciones. Tres importantes agrupaciones ofrecerán temporadas en el Teatro Nacional. Este fin de semana se presentarán allí Acosta Danza y la camagüeyana Camagua.
El viernes 21 comienza la temporada de Danza Contemporánea de Cuba, dirigida por Miguel Iglesias. La compañía madre del gran movimiento de la danza moderna en el país anuncia el estreno de Hands On, una pieza del griego Yannis Mantsis, y la reposición de Polvo, palabras, sombras, nada, del cubano George Céspedes.
El 29 de abril se celebra el Día Internacional de la Danza y Cuba sigue siendo plaza importante de esa expresión en el continente. No es triunfalismo: es empeño. Trabajo cotidiano. Escuela. Talento.