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Mario, el bendecido

Mario sabe la importancia de su labor y se siente complacido con aportar al orden, la higiene y la belleza de Santiago de Cuba. Foto: Miguel Rubiera Jústiz
Mario sabe la importancia de su labor y se siente complacido con aportar al orden, la higiene y la belleza de Santiago de Cuba. Foto: Miguel Rubiera Jústiz

Benditas sean las manos de este hombre, bendita su obsesión por lo limpio y lo ordenado, bendita la manera que tiene de entregarse a lo que hace.

Cada jornada, sin importar siquiera vendavales, Luis Mario Rojas Durán despierta al día y se brinda un buche de café para entrarle con bríos a su quehacer. Ya al filo de las cuatro de la madrugada se abraza a la escoba y Enramada arriba y Enramada abajo danza al compás del zas, zas, zas, de cada barredura, o se va a uno de los depósitos de basura del centro histórico de la ciudad de Santiago de Cuba a desvanecer suciedades.

Para cuando el Sol llega a saludar a Mayito, como gusta que le llamen, la más concurrida de las arterias de esta urbe de casi 500 años reluce ante la mira de todos.

Pero él no abandona es trozo de terruño amado, ahí se queda, en vilo, atisbando al indolente que se empeña en estropear su labor; y si alguien intenta echar la basura donde no debe Mario salta, enfurece y le dice en pleno rostro: “eso no se hace, compay”.

Entre el sermón y la acción de recomponer la limpieza pasan sus horas, sus días, su vida… y anima saber que está ahí, satisfecho del servicio que presta, como uno más entre tantos trabajadores de Servicios Comunales, quienes a la usanza martiana, sin llamar al mundo para que los vean pasar, hacen que su labor sea toda una bendición.

 

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